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Punta del Este en Marzo con Bob Dylan (II parte)

. mayo 02, 2008
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Viernes de la semana de turismo y como la jornada anterior fue larga por lo que el descanso también lo fue y nos despertamos tarde. Desayunamos rápidamente y emprendimos nuestro camino al objetivo planteado, José Ignacio.

Desde la propia terminal de Punta del Este salen ómnibus internos que hacen el recorrido al Este, pasando por La Barra – Manantiales y con destino final José Ignacio (el auto con nuestro compañero, partieron temprano hacia Montevideo)

En un viaje de una media hora aproximadamente, mientras el paisaje nos deleita con el océano a la derecha y por el otro lado transcurren barrios residenciales con casas de amplios jardines, puentes ondulantes, pequeños lugares con abundantes comercios, campo, lagunas, nuestro destino se adivina muy pronto en la plaza local, donde nos deja nuestro transporte a unas 3 – 4 ¿cuadras? de la arena de la playa.

José Ignacio es unos de esos lugares magníficos, “lejanos”, tal vez porque no es tan conocido como el resto de Punta del Este, tal vez porque a la mayoría de los turistas le de pereza el recorrer el trayecto, no lo sabemos, si sabemos que es un lugar el cual hay que aprovechar cada minuto en el que se está, llenarse de las hermosas vistas que se nos brinda, con un pueblo de pescadores pequeño, coronado con un faro y rodeado por dos lagunas (la que lleva su nombre y la de Garzón) sitios propicios para actividades deportivas como wind surf, canotaje y la navegación en pequeños veleros dado que las actividades náuticas a motor se encuentran prohibidas con el fin de preservar la fauna autóctona.

¿No es verano? Que no se les quite el sueño, un abrigo y la caminata que se puede desarrollar por estos caminos de tierra (por algo el slogan del balneario es "Aquí solo corre el viento"), hacen que valga la pena el frío que puede llegar a sentirse, porque enclavado a 40 km. de Punta del Este, lejos de las grandes edificaciones, de las discotecas y de la agitada vida nocturna, hoy José Ignacio es un sitio exclusivo.
Inolvidable el paseo por sus arenas, subir el Faro y comer camarones viendo el mar y pan recién salido del horno o animarse a comer el plato mas famoso de la zona, omelette de algas marinas (plato al cual no nos animamos a pesar de las recomendaciones del mozoJ).

Cada dos horas salen los ómnibus para Punta del Este, así que nos quedamos unas 4 horas aproximadamente en José Ignacio, y en el camino de retorno nos detuvimos en La Barra, para recorrer sus comercios, sacar fotos en Montoya (su playa) y en el puente ondulado (punto emblemático de La Barra) para dirigir nuestros pasos al “Museo del Mar” un sitio prácticamente desconocido para quien lea solo los panfletos turísticos y en donde uno logra empaparse y aprender mucho sobre la fauna (sobre todo marítima), sobre la historia y los personajes del lugar (ofrece a sus visitantes una colección importantísima de la fauna marina de Punta del Este y de otras partes del mundo -caracoles marinos, corales, caballos de mar, esqueletos de ballenas, mandíbulas de tiburón, etc.- También es posible apreciar una colección de fotografías antiguas de las playas de Punta del Este y un acuario marino de gran tamaño. En una de sus salas se exhiben antiguos catalejos, trabucos, alfanjes, arcones, timones, galeones, banderas y se cuentan los mitos, historias y leyendas de los piratas más famosos de la historia).
El Museo del Mar comenzó en 1961 a juntar piezas marinas de todas partes del mundo, en 1996 abre sus puertas y desde entonces ha crecido a más del triple de su superficie original y consecuentemente la cantidad y variedad de sus Colecciones.
Un museo donde pasar (invertir) horas porque logra que uno se sienta gran conocedor de la zona y partícipe de la historia local.

FOTOS
PuntadelEste08 II

Luego de allí, la espera en la rambla, a metros del puente ondulante y enfrente a la desembocadura del Arroyo Maldonado, donde se encuentra un edificio de algunos pisos, motivo de largas discusiones, debido al impacto visual que este provoca y lo que le quita al paisaje natural. Nosotros que lo hemos visto a medio construir, se nos hace obvio la pérdida que esto significa para el lugar, para todos en general, excepto a los pocos propietarios o inquilinos de los apartamentos.

De regreso a Punta del Este, una cena muy frugal en la Terminal de Ómnibus de Punta del Este y el regreso a Montevideo, que en ómnibus se realiza en unas 2 horas aproximadamente y hace que cuando estamos en casa, agradecer que algo tan hermoso este tan cerca.

PRECIOS:

Transporte

  • Montevideo – Punta del Este- Montevideo $276

  • Punta del Este – José Ignacio ---------------> $ 40 (solo Ida)

Alojamiento

  • Hotel Conrad, Hab. Doble ---------> u$s 180
  • Hotel Ajax, H. Doble---------------> u$s 50
  • Hotel Champagne H. Doble--------> u$s 60
  • 1949 Hostel -----------------------> De u$s 10 a 12
  • Hostel "La lomita del Chingolo"---> De u$s 20 a 25


Museo

  • Entradas: $95 Adultos, $55 Niños
  • Horario: de 10:30 a 18:30 de Lun. a Dom
  • Fuera de temporada: Solo Fin de semanas pero es mejor averiguar porque pueden cerrar de Mayo a Junio

Punta del Este en Marzo y con Bob Dylan

. abril 25, 2008
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Jueves de la Semana de Turismo (22/03/08), toca Bob Dylan en el Hotel Conrad de Punta del Este y aprovechamos, aunque no tengamos entradas y ya se hayan agotado, que unos compañeros de trabajo van a verlo para sumarnos al viaje y hacer valer el día, visitando nuestro principal balneario (quien esto escribe no es fanático de Dylan y las entradas se agotaron a las pocas horas de ser emitidas y la falta de fanatismo hizo que nos quedaramos sin ellas)

Llegamos a media mañana y empezamos a recorrer la rambla de Punta del Este (rambla Gral. Artigas) en un día realmente hermoso, empezando por la Parada 1 de la Brava, donde se encuentra el emblemático “Monumento a la Mano” donde empezamos con la sesión de fotos desde temprano y continuamos recorriendo lo que se llama la península, o sea, camino a la Playa Mansa y pasamos, a paso muy tranquilo, a caminar por la playa del Emir, la playa de los Ingleses, cambiando a nuestra derecha el paisaje de edificios por el de casas con buenos jardines, mientras a nuestra izquierda el espectáculo de las aguas azules no cambiaba, solamente por el vuelo de alguna golondrina.

No es esta zona de playas, con una costa más bien rocosa, y eso hace que la vista al mar sea más pura, limpia, mientras la rambla es cruzada por caminantes y/o corredores de distintas nacionalidades que aprovechan el día para hacer deportes o simplemente conversar con el ocasional acompañante y desconectarse del resto del mundo, la sensación de que estamos lejos de la rutina, de los problemas, es muy grande, a pesar de que nuestro hogar está a poco mas de 100 Km.

En lugar de seguir por la rambla, y llegar a la punta mas Austral, subimos por Calle 5, para ver El Faro, sacar algunas fotos en el cruce de la calles 12 y 7, esquina que tiene la particularidad de que desde los cuatros puntos cardinales se ve agua, a pesar de que no estemos en una isla, lugar que puede hacer perder la orientación del desprevenido y no saber para donde seguir, pero bueno, no era nuestro caso en esta oportunidad y nos dirigimos al puerto, a ver las embarcaciones de los visitantes que acertaban en estar atracados por este lugar del mundo, sitio donde el acento que menos se escucha es el locatario y donde el portugués y el acento porteño (Buenos Aires) predominan y se ven matrículas de distintas partes del MERCOSUR .

No es para nada extraño, donde las embarcaciones menores atracan, encontrar lobos marinos yaciendo sobre el puerto y en esta ocasión dos ejemplares hacían el deleite de los allí presentes y el susto de alguna niña que se acercaba y era recibido con el ¿gruñido? del macho, recordándonos que son los habitantes originales de estas tierras y hoy se encuentran “alojados” en la isla que lleva su nombre (Isla de Lobos) a unos pocos kilómetros de la costa, 8 si la memoria no me falla (los lugareños y “entendidos” del tema, aseguran que los ejemplares que podemos ver son lobos viejos que ya no pueden conseguir fácilmente su comida y acostumbrados a los seres humanos, procuran el alimento que se le da en la costa).

Bueno, ya a esta hora, el hambre se hacía sentir, así que a las 3 de la tarde, nos fuimos a “almorzar” unas pizzas acompañado con un buen vino con frutillas, en un local ubicado en la calle principal de Punta del Este, Gorlero, mientras a una cuadra de distancia se encuentra la plaza mayor, sin sospechas aún del movimiento que ocurrirá en algunas horas mas, sobre la noche, cuando se instale la feria de artesanos al igual que todas las noches de la temporada y se llene de oportunos visitantes, música y bullicio.

El resto de la tarde se puede resumir simplemente en buenas charlas con amigos, una obligatoria ronda de mate y observar el atardecer desde la rambla de los ingleses (en el verano, en nuestro país se adelanta la hora, por lo que se “atrasa” el atardecer, que se produce entre las 20:30-21.00hs), para ir, lentamente dirigiéndonos al Hotel donde se desarrollaría el recital de Dylan

Llegados al lugar, mis amigos entraron y en realidad, conociendo el estacionamiento del Hotel y sus alrededores, sabía que de afuera se podría escuchar perfectamente, así que me trasladé a Bvar. Artigas (paralela a la rambla) y esperé tranquilamente. El tiempo me daría la razón, ya que la música llegaría con fuerza a nuestros oídos. Afuera habría casi doscientas personas, concentradas en la figura que a 100 metros dirigía el show y suponíamos sería Dylan, aunque luego, cuando me prestaron uno de los muchos prismáticos que había en la vuelta, pude comprobar este presentimiento.

Grupo heterogéneo formábamos, padres con hijos que buscaban las letras de Dylan en el celular, alguno mateando, alguno empuñando una cerveza, algún argentino (los brasileños estaban todos dentro del estacionamiento), un norteamericano que venía desde Oregon (que tenía un cartel en español que decía: “¿Tiene marihuana?” y del otro lado “¿Tiene entradas?”) y que me permitió practicar mi olvidado ingles. Desde los balcones de los edificios adyacentes también disfrutaban de Dylan, incluso si mal no observé, con telescopios.

Si bien al principio la cosa parecía que iba a darle la razón a unos de mis amigos que afirmaba que los años iban a hacerse notar en la voz de Dylan, después del cuarto, quinto tema y como un viejo motor, la garganta se calentó y brilló en la noche de Punta del Este, así como la luna casi llena que también miraba desde arriba y que nos alumbró a los doscientos de afuera, a los mas de 4.000 de adentro y también a los cuatro que marchábamos a descansar, luego del recital, acompañados por “Like a Rolling Stone” que era silbada por Luis.

Nos esperaba el descanso reparador y una jornada de visita a José Ignacio y La Barra, pero eso, ya es otra historia, para una próxima entrada.

FOTOS

Punta del Este 2008


Mapa

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